Acidosis

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Un cuerpo sano elimina los ácidos ascendentes por medio de los riñones, los pulmones y la piel. De esta manera, se conserva el balance de los ácidos y las bases con el pH ligeramente alcalino y lo más constante posible de la sangre 7.35. Este poseso se ve reforzado por una alimentación con un abundante contenido de bases o, más bien, de minerales. Cuando hay trastornos del metabolismo, también cuando aparecen enfermedades en los riñones o los pulmones, puede producirse una acidez excesiva. Entre más ácidos entren al torrente sanguíneo, más se catabolizarán en el cuerpo las reservas de los minerales productores de bases con el fin de neutralizarlos mediante la formación de sales. En el primer lugar se utilizará como amortiguador el calcio tomado de los tejidos, los huesos y el cuero cabelludo.

Cuando ya se agotaran las últimas reservas minerales debido a la acidificación progresiva, la química del cuerpo trata, antes de servirse de la sustancia ósea, de desplazar a los ácidos excedentes a zonas del cuerpo que no son tan importantes para la circulación sanguínea, en forma de depósitos de impurezas. En estos ” tiraderos de impurezas ” son descargadas en un principio también todas las impurezas estorbosas, que no pudieran ser eliminadas, provenientes del metabolismo, casi siempre en los tejidos conjuntivos y grasos, que son los más profundos. En cuanto se presenta la ocasión, el cuerpo intenta deshacerse de estos desperdicios con ayuda de una fiebre terapéutica, por medio de la combustión de las impurezas. Esto lo logrará siempre y cuando no se le impida llevar a cabo esta limpieza suministrándole antibióticos. Desgraciadamente, esto ocurre casi siempre, con la consecuencia de que todo el sistema de defensa se ve debilitado.

Así surgirán pronto focos encapsulados, basureros ácidos, que seguirán arrojando al torrente sanguíneo sustancias venenosas que debilitan las defensas del cuerpo, de modo que la persona cuya fiebre haya sido ” vencida ” se sentirá decaída, sin fuerzas. Entonces, al menor ataque se desplomará el sistema de defensa y pueden presentarse infecciones masivas, peligrosas para todos los órganos. Basta que veamos a nuestros hijos.

Por un lado, la medicina académica emplea con éxito la fiebre provocada artificialmente (hipertermia) para quemar y disolver las células de tumores, pero, por otro lado, combate este proceso natural de limpieza y curación. Pero entre más tiempo se combata a los daños provocados por acidosis únicamente como si fueran síntomas, más rápido se ahogarán también las células sanas en estas sustancias venenosas e impuras que se acumulan de manera continua. Todos los medicamentos y el estrés que provoca sentirse enfermo acidifican aún más los fluidos corporales. Por si fuera poco, las células sanas sufren cada vez más la falta de nutrientes y de oxígeno, y la energía vital sigue disminuyendo.

A los riñones les corresponde la tarea de eliminar los ácidos excedentes, pero se ven sobrecargados por la diaria marea ácida provocada por el estrés, la alimentación equivocada y los venenos químicos y ambientales. Estos riñones debilitados ya no pueden eliminar satisfactoriamente los ácidos que se producen en el cuerpo constantemente a consecuencia de una alimentación acidificante, como ácido único, ácido acético, ácido lácteo, ácido sulfúrico, etc. Por eso se da una retención de los humores ácidos del cuerpo en las vías linfáticas. El cuerpo se hincha, está abotagado (congestión de agua) y muestra edemas, es decir, retención de agua, con el fin de diluir los ácidos. Está tratando de diluir las sustancias venenosas reteniendo agua. Debido a la contaminación provocada por la presencia de ácidos, pueden inflamarse también los ganglios linfáticos.

Con nuestra alimentación desnaturalizada, producto de la civilización, le administramos a nuestro cuerpo entre 80 y 90 % de comida y bebida acidificante. Y la mayor parte de ellas no es ácida (agria), sino dulce, pero en nuestro cuerpo se metaboliza ácidamente. Todos los alimentos a los que se les ha añadido azúcar o edulcorantes producen ácidos. A ellos se añaden los alimentos principales, como carne roja, aves, pescado,huevos, grasas fritas, productos lácteos, queso, pan y pastas. El cuerpo no puede quemar el exceso de grasa, y deja residuos de ácido acético y sales de ácido acético. El consumo excesivo de proteínas y carne produce ácido único y sales de ácido úrico. Su presencia obliga al cuerpo al secuestro de minerales para neutralizar los ácidos.

El efecto diurético de todos los ácidos provoca que los riñones eliminen demasiada agua, pero al mismo tiempo son eliminados también importantes productores de bases como el calcio, el sodio y el potasio. Sin embargo, son estos minerales los que se necesitan urgentemente para la neutralización de los ácidos y la formación de células. La estructura de las células excesivamente ácidas y llenas de impurezas se vuelve rígida. Los eritrocitos rígidos pierden su flexibilidad y la circulación sanguínea empeora. Los padecimientos circulatorios aumentan, porque los eritrocitos rígidos tampoco pueden recibir ya el oxígeno suficiente. Hay sofocación. Tenemos la responsabilidad para con nuestro cuerpo de mantener nuestro torrente sanguíneo libre de impurezas por medio de una alimentación y una forma de vida sensatas. Para ello, nuestra alimentación deberá constar 80 % de sustancias productoras de bases y sólo en un 20 % de sustancias productoras de ácidos. Deberían evitarse todos los productores de ácidos.